Los ludistas fueron un grupo de artesanos y trabajadores textiles británicos que a comienzos del siglo XIX que se hicieron famosos por protestar destruyendo la maquinaria industrial (principalmente telares mecánicos e hiladoras). Lejos de ser un grupo caótico, formaban un movimiento organizado que operaba en la clandestinidad debido a la estricta persecución del gobierno.
Existe el mito de que los ludistas eran "enemigos del progreso tecnológico", pero su lucha era social y económica. No odiaban las máquinas; odiaban lo que los dueños de las fábricas hacían con ellas. Sus objetivos principales eran:
El movimiento tomó su nombre de Ned Ludd (a veces llamado "General", "Capitán" o "Rey" Ludd). Cartas amenazantes enviadas a los dueños de las fábricas firmaban con este nombre, afirmando que su base de operaciones estaba en el bosque de Sherwood.
Sin embargo, Ned Ludd nunca existió: era un pseudónimo colectivo. Se inspiraba en una leyenda popular sobre un joven aprendiz de tejedor del siglo XVIII que, en un ataque de furia contra las injusticias de su maestro, rompió un telar a martillazos. Usar este nombre falso permitía proteger la identidad de los líderes reales y crear un símbolo unificador que aterrorizaba a los industriales.
A corto plazo, en el plano legal o político, el movimiento ludista no logró conquistas institucionales directas. La respuesta del gobierno británico fue brutal: se desplegaron más soldados en las regiones ludistas que en la Guerra de la Independencia Española, se aprobó la ley Frame Breaking Act que castigaba la destrucción de máquinas con la pena de muerte, y decenas de ludistas fueron ejecutados o deportados a Australia.
Pese a su derrota militar, dejaron un legado crucial: